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El feminismo popular e interseccional como camino hacia una sociedad más justa

  • Foto del escritor: FEMS
    FEMS
  • 5 mar
  • 4 Min. de lectura

Rara vez en FEMS hablamos de feminismo en términos teóricos. Desde mi visión como fundadora, siempre he creído que las acciones que impulsamos cada día, los espacios que construimos y el trabajo colectivo que realizamos hablan por sí mismos de nuestra postura frente a la igualdad y la justicia, sin necesidad de grandes discursos o debates polarizantes. Sin embargo, hoy, en el marco del Día Internacional de la Mujer, quiero permitirme compartir una reflexión personal sobre el feminismo y algunas perspectivas que, en muchos casos, son poco mencionadas dentro del feminismo más visible o hegemónico.


Considero que abrir estas conversaciones es necesario si queremos ampliar la mirada y avanzar hacia una sociedad verdaderamente más justa e incluyente. En ese sentido, quiero compartirles a modo de resumen algunas ideas de mi escrito —mucho más extenso—, adaptadas para este espacio de blog, con la intención de invitarles a reflexionar, a preguntarse si conocían estos conceptos que el feminismo ha construido y que pone sobre la mesa y, sobre todo, a dialogar sobre cuál es nuestra postura en días como este, que nos invitan a hablar con mayor apertura sobre estos temas.


Y en este pequeño artículo me permito compartirte la oportunidad que medio el reflexionar sobre este tema, no para teorizar o debatir sino, para cuestionar muchas de las ideas que durante años había construido sobre el feminismo y sobre mi propio lugar dentro de esta conversación.

Durante mucho tiempo pensé el feminismo desde una experiencia muy cercana a la mía: la de una mujer urbana, con acceso a educación, con ciertos privilegios sociales y con la posibilidad de nombrar y cuestionar las violencias que la atraviesan. Desde ese lugar, llegué incluso a pensar que los movimientos feministas o asumirme públicamente como feminista eran, hasta cierto punto, innecesarios. En algunos momentos, influenciada por ciertos discursos o representaciones del movimiento, el feminismo me parecía un espacio ajeno, (no porque la lucha lo fuera, sino porque como es normal, dentro de todo movimiento, tambien habitan los extremos y las malas representaciónes que más que ayudar lo destruyen desde su interior).


Con el tiempo y mucha más cercania con el trabajo diario con mujeres, y mucha más información que solo la "comercial" entiendo que esa distancia también era una forma de privilegio.

El acceso a la educación, a espacios de reflexión y a herramientas para analizar las desigualdades permite tomar distancia de luchas que para muchas mujeres no son opcionales, sino urgentes. A través de fuentes académicas, Invetigadoras académicas y discursos progresistas, pude ampliar mi comprensión del feminismo como un movimiento complejo, diverso y profundamente necesario.


Uno de los conceptos que considero hoy día más relevantes de esta lucha fue el de interseccionalidad. Entender que las desigualdades no se viven de la misma manera por todas las mujeres puede cambiar radicalmente la perspectiva. El género no es la única dimensión que define nuestras experiencias: también influyen la raza, la etnia, la clase social, el origen, la orientación sexual o el contexto territorial.

Esto significa que, incluso dentro de un mismo país, una misma ciudad o peor una misma casa, las mujeres pueden enfrentar realidades profundamente distintas. Mientras algunas luchan por romper techos de cristal en espacios profesionales, otras luchan por condiciones básicas de supervivencia, acceso a la justicia, a la salud o a la seguridad.

Reconocer esta diversidad implica abandonar la idea de una “mujer universal” y aceptar que el feminismo necesita escuchar múltiples voces y experiencias. De lo contrario, corre el riesgo de reproducir las mismas exclusiones que busca combatir.


En este proceso de reflexión también cobró gran relevancia el concepto de feminismo popular. Este enfoque reconoce que el feminismo no se construye únicamente en espacios académicos o institucionales, sino también en la vida cotidiana de las mujeres que organizan sus comunidades, defienden sus territorios, sostienen redes de apoyo y luchan por condiciones de vida dignas. (Tal como lo que construimos en FEMS)


El feminismo popular nace desde las calles, desde las experiencias reales de quienes enfrentan desigualdades estructurales todos los días. Muchas mujeres han sido feministas sin nombrarse como tales: mujeres que han defendido sus comunidades, que han sostenido economías familiares, que han resistido violencias o que han organizado a otras mujeres para enfrentar injusticias.


Este enfoque también invita a reconocer la relación entre la defensa de la vida y el cuidado de la naturaleza. En muchas comunidades, las mujeres están al frente de luchas por el agua, la tierra y los territorios frente a modelos explotacionistas y extractivistas que afectan directamente la vida de las personas. Desde esta mirada, la defensa del medio ambiente no es una agenda separada del feminismo, sino una extensión de la lucha por la dignidad y la sostenibilidad de la vida.


La explotación de los territorios y la explotación de los cuerpos responden, en muchos sentidos, a lógicas similares de dominación y control. Por ello, el feminismo popular también invita a repensar nuestra relación con el entorno, apostando por modelos basados en el cuidado, la interdependencia y la justicia social.


Como mujer millennial, también he reflexionado sobre la narrativa con la que muchas de nosotras crecimos: la de la mujer fuerte, independiente y autosuficiente. Ese discurso fue importante para romper con ciertos mandatos tradicionales, pero en ocasiones también construyó una idea de éxito individual que dejaba de lado la dimensión colectiva de las luchas sociales.

Hoy creo que el desafío es construir una perspectiva más integral, donde hombres y mujeres podamos cuestionar juntos las estructuras que generan desigualdad, violencia y discriminación.


Por eso puedo permitirme afirmar e invitar a mirar al feminismo como un esfuerzo por transformar las relaciones sociales y construir una sociedad más justa para todas las personas.

La interseccionalidad y el feminismo popular amplían el horizonte de esta lucha. Nos recuerdan que aún existen múltiples realidades que necesitan ser escuchadas y que el camino hacia la igualdad no puede construirse desde una sola experiencia.

Por eso hoy en este día de la mujer que se ha consolidado como un día para conmemorar esta lucha, lo que puedo compartirles sobre todo, es una certeza: el feminismo es un proceso de aprendizaje constante. Implica cuestionar privilegios, escuchar otras voces y reconocer que la justicia social, la equidad y las libertades, solo pueden construirse y mantenerse cuando somos capaces de mirar más allá de nuestra propia experiencia.


Apostar por un feminismo popular e interseccional es apostar por una sociedad más plena, más justa y verdaderamente libre de racismo, clasismo, discriminación y violencia.

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